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Carta del obispo primado Sean Rowe sobre el Ministerio Episcopal de Migración

Nota: Lea más información en el documento de Preguntas Frecuentes.


Querido Pueblo de Dios en la Iglesia Episcopal:

Les escribo hoy con noticias importantes sobre el Ministerio Episcopal de Migración, la organización que lidera el ministerio de reasentamiento de refugiados de la Iglesia Episcopal.

Desde enero, el Programa de Admisión de Refugiados de EE. UU., anteriormente bipartidista y en el que participábamos, ha cancelado casi la totalidad de sus actividades. Apenas si han llegado nuevos refugiados, cientos de empleados de agencias de reasentamiento en todo el país han sido despedidos y la financiación para el reasentamiento de los refugiados que ya se encuentran en el país es incierta. Hace poco más de dos semanas, el gobierno federal informó al Ministerio Episcopal de Migración que, según los términos de nuestra subvención federal, se espera que reasentemos a los afrikáneres blancos de Sudáfrica, a quienes el gobierno estadounidense ha clasificado como refugiados.

Dado el firme compromiso de nuestra iglesia con la justicia y la reconciliación raciales, y nuestros vínculos históricos con la Iglesia Anglicana de África del Sur, no podemos dar este paso. En consecuencia, hemos determinado que, al finalizar el año fiscal federal, concluiremos nuestros acuerdos de subvención para el reasentamiento de refugiados con el gobierno federal de EE. UU.

Quiero ser muy claro sobre el porqué tomamos esta decisión y lo que creemos que le espera a la vital labor del Ministerio Episcopal de Migración.

Resulta doloroso ver cómo un grupo de refugiados, seleccionado de forma inusual, recibe un trato preferencial sobre muchos otros que llevan años esperando en campos de refugiados o en condiciones peligrosas. Me entristece y avergüenza que muchos de los refugiados a quienes se les niega la entrada en Estados Unidos sean personas valientes que trabajaron junto a nuestras fuerzas armadas en Irak y Afganistán y que ahora enfrentan riesgos en sus lugares de origen debido a su servicio a nuestro país. También me duele que a las víctimas de persecución religiosa, cristianos entre ellos, no se les haya concedido refugio en los últimos meses.

Como cristianos, debemos guiarnos no por caprichos políticos, sino por la certeza de que el reino de Dios se nos revela en las luchas de quienes viven marginados. Jesús nos dice que cuidemos de los pobres y vulnerables como lo cuidaríamos a él, y debemos seguir ese mandato. En este momento, lo que eso significa es poner fin a nuestra participación en el programa de reasentamiento de refugiados del gobierno federal e invertir nuestros recursos en servir a los migrantes de otras maneras.

Durante casi 40 años, el Ministerio Episcopal de Migración ha apoyado el compromiso de nuestra Iglesia de buscar y servir a Cristo en migrantes y refugiados. Durante este tiempo, hemos atendido a casi 110.000 refugiados, muchos de los cuales ahora son ciudadanos estadounidenses y miembros estimados de nuestras comunidades, de nuestros centros laborales y de nuestros barrios. A lo largo de los años, el Ministerio Episcopal de Migración ha reasentado a personas de Ucrania, la República Democrática del Congo y Myanmar. Hemos apoyado a poblaciones vulnerables de todo el mundo, sin importar su nacionalidad.

Desde marzo, un equipo especial de empleados del Ministerio Episcopal de Migración ha cumplido con nuestro compromiso de servir a las personas que llegaron justo antes o durante los primeros días de la nueva administración. Ahora que finalizamos nuestra participación en el reasentamiento de refugiados financiado con fondos federales, hemos solicitado a la administración que se empeñe en alcanzar un acuerdo mutuo que nos permita finalizar todos los servicios financiados con fondos federales para el final del año fiscal federal en septiembre. Estamos trabajando con el personal afectado para brindar amplios servicios de recolocación y paquetes de indemnización por despido.

He dicho antes que ningún cambio en la situación política altera nuestro compromiso de apoyar a las personas más vulnerables del mundo, y quiero reafirmar esa promesa. Si bien nuestra colaboración público-privada como agencia de reasentamiento de refugiados ya no es viable, trabajamos arduamente en un proyecto de toda la Iglesia para apoyar a migrantes y refugiados a través de:

  • Colaboraciones diocesanas: Contamos con ministerios dinámicos en toda la Iglesia que atienden a migrantes de todo tipo. Los episcopales apoyan a los recién llegados mediante la educación, el servicio directo y la defensa de sus derechos. Nuestras diócesis también trabajan para abordar las causas profundas de la migración. Nos comprometemos a redoblar nuestros esfuerzos para apoyar estos ministerios y a los migrantes entre nosotros.
     
  • Conexiones globales: Invertiremos en nuestros ministerios que apoyan a las personas que se ven forzadas a emigrar en los países y territorios de la Iglesia Episcopal y la Comunión Anglicana. Esto incluye nuestro pujante ministerio en Europa, donde la Convocación de Iglesias Episcopales en Europa ha atendido a más de 140.000 refugiados, principalmente del norte de África, Ucrania, y Asia Central, en los últimos dos años. Seguiremos trabajando con nuestras diócesis y asociados anglicanos en Centroamérica para ayudar a quienes buscan seguridad.
     
  • Apoyo continuo a los refugiados: Si bien el gobierno actual ha reducido la llegada de nuevos refugiados y la financiación, miles de refugiados acogidos por el Ministerio Episcopal de Migración en años anteriores aún necesitan ayuda. Invitaremos a los episcopales a conectar con los refugiados reasentados y a explorar cómo continuar con los servicios que hemos brindado desde hace tiempo: servicios de idiomas, de educación continua, de apoyo con el cuidado infantil y de capacitación laboral. Si se reanuda el reasentamiento de refugiados con el respaldo de patrocinadores privados, exploraremos esas nuevas posibilidades.
     
  • Recaudación de fondos: Es importante comprender la magnitud de las subvenciones federales de que nos vemos privados. En los últimos años, el Ministerio Episcopal de Migración recibió más de 50 millones de dólares anuales en fondos federales. Esta pérdida no se puede compensar con fondos de donantes ni con el producto de inversiones. Sin embargo, recaudaremos fondos para nuevos y extensos ministerios de migración en toda la Iglesia, así como para nuestros colaboradores en este ministerio. Pueden contribuir a esta nueva labor haciendo una donación en el sitio web del Ministerio Episcopal de Migración.

En las próximas semanas, el Ministerio Episcopal de Migración compartirá más noticias sobre cómo participar. Entre tanto, les pedimos que oren por los refugiados que han sido aprobados y no han recibido permiso para venir a este país, por el personal que se verá afectado por el fin de estas subvenciones federales y por todos los que lamentan el cese de nuestro quehacer federal de reasentamiento de refugiados.

Que nuestra fe en el Cristo Resucitado, que atrae a todos hacia sí, nos sostenga y nos guíe en estos tiempos difíciles.

Rvdmo. Sean W. Rowe
Obispo Primado
de la Iglesia Episcopal

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